lunes, 24 de noviembre de 2008

Déja vu


Te cuento que esto parte en un bar. Es verano y pedimos cerveza, barata y tibia. Nos miramos desganados, en el fondo sabemos que tú empiezas a olvidarme y que yo ya no te quiero. Pero el juego continúa y debemos llegar al final.

Tras un silencio incómodo, te pregunto que qué tal tu día. Respondes que te fue como siempre, que no hubo nada interesante, además de sacar un cacho de última hora. Que estás harta de tu trabajo de porquería.

Sin ni siquiera fingir que te interesa, me preguntas cómo me fue hoy. Si logré escribir algo. Hago caso omiso de tu indiferencia y digo que anoche soñé contigo. Mientras te afanas en tu cartera buscando un cigarrillo, te cuento que todo parte en un bar. Que es verano y pedimos cerveza, barata y tibia. Que nos miramos desganados, que en el fondo sabemos que tú empiezas a olvidarme y que yo ya no te quiero, aunque el juego continúa y debemos llegar al final.

Me interrumpes para preguntar si me quedan cigarros, porque dejaste los tuyos en la oficina. Te acerco mi cajetilla, sacas uno, lo enciendes y te lo llevas a la boca con placer. “¿En qué estábamos?”, dices, exhalando el humo con la cara torcida. “En que anoche soñé contigo”, respondo.











miércoles, 12 de noviembre de 2008

Cosas que a pocos les importan - Parte II


Crítica de conversaciones casuales

En octubre, mi MP3 se quedó en pana. Un día se taimó y no anduvo nunca más. Partí con la boleta de garantía a la (multi) tienda, donde diagnosticaron que el “aparato no enciende” ( = O ) y que debía esperar un lapso de 20 días hábiles –es decir, un mes- para recuperarlo. Aunque lo más probable es que lo cambien, porque al fabricante le es más conveniente cambiarlo que repararlo.

La falta de música me ha “obligado” a poner oreja a conversaciones ajenas. Mi favorita es una que escuché el lunes, mientras hacía una eterna cola para pagar el celular (era tan larga que me fui y regresé en la tarde).

La araña Quintrala

*Protagonizada por Él y Ella.

-Él: ¿Te acordai del gato de la …. (no retuve el nombre)?
-Ella: Sí (con cara de guácala)
-Él: Se murió porque lo mordió una araña de rincón.
-Ella: Ah, que bueno. Era re odioso el gato, aparte, tienen tantos. ¿Y cómo saben que era una araña de rincón?
-Él: Eeeeeeeeeh… Parece que tenía una herida. En todo caso, estuvo tres días re mal, se hacía pichi solo, daba pena el pobre gato.
-Ella: Pero es que también qué tenía que hacer el gato en el patio… Tienen muchos cachivaches en esa casa.
Él: Nooooo, si no fue en el patio. Estaba durmiendo parece y lo mordió. O no sé, parece que se la fue a comer, porque cachai que los gatos comen arañas.

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Mala mano

*Otro diálogo memorable ocurrió ayer, mientras hacía la fila para el colectivo. Con Embarazada 1 (E1) y Embarazada 2 (E2), más la participación de Futura Divorciada (FD y creo que venían de la reunión de apoderados:

-E1: Pucha, no sé cómo lo voy a hacer, porque tengo que ir a tres paseos en una semana. Y esa cuestión es a- go- ta- do- ra.
-E2: Sí, sí entiendo. Yo voy a tener que ir a los paseos de mis dos cabros chicos.
-E1: ¡No! No es lo mismo. Los míos son tres paseos en la misma semana, y como yo soy de las que cooperan harto, me sacan el jugo.
-E2: ¡Ah!
-FD: ¡No les conté la última! Adivinen con quién hablé anoche…
-E1: Con tu ex…
-FD: Sí po, nos juntamos a hablar del divorcio. Le dije que tenía firmar los papeles, ahora que podíamos ver el tema. Pero me dijo que no quería, que en una de ésas nos arreglábamos, el perla.
-E2: Jajajajaja, después de cinco años.
-E1: Es muy barsa…¿Y la otra?
-FD: Ni idea. En todo caso, tiene mala mano. Está re flaco, feo, canoso, entero chupado…


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Dentro de la categoría “de culto” son los diálogos –o monólogos- de los choferes de colectivo, cuyos temas más recurrentes son fútbol, política, economía y a veces, farándula. Otro tópico más o menos recurrente en el gremio es la crítica a los otros conductores. Que “fíjese, se pasó la luz roja”; “las micros puro entorpecen el trabajo”, “¿se fijó que llegó y dobló, sin señalizar? Apuesto que es mujer” (después lo pasa y comprueba que … es hombre). La que sigue, en todo caso, aborda cuestiones gremiales. Con ustedes, chofer al volante (CHV) y chofer de a pie (CHP).

*No está pensando bien

-CHV: Súbase no más, compadrito, yo lo llevo.
-CHP: Gracias, se pasó. Oiga, ¿es verdad que quedó la cagada en la reunión del otro día?
-CHV: Si po, si usted sabe que el Mumo, el Mario, el Francisco, el Pedro y Juan quieren cambiar las reglas. Están recién llegados y ya quieren cambiar las cosas a su pinta.
-CHP: Sí, por eso hay hartos que no los quieren.
-CHV: Sí, yo ese día no me quería meter, pero hubo un problema con un reclamo que llegó a la seremi por un recorrido que ellos dicen que no existe, pero que sí existe.
-CHP: Ya, algo así me contaron…
-CHV: ¿Le digo una cosa? El problema es que el Mario está haciendo mal las cosas, no quiere entender que las embarró y como es porfiado sigue en la misma.
-CHP: Si po, el Mario el problema que tiene es que es porfiado.
-CHV: Y mal genio, no ve que él fue el que tuvo el problema. Fue con un matrimonio, él se iba a bajar en la Avenida de Aguirre y la señora iba a urgencia y él no quiso llevarla, porque según él, la línea no pasa por ahí…
-CHP: Le hubiera cobrado $50 más, porque eso se cobra cuando se pasa de la Avenida. –CHV: El problema es que discutió con ellos y les devolvió la plata. Parece que los insultó también, como le reclamaron al seremi.
-CHP: No, si el Mario la está puro cagando.


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Bonus track: Hastío de madre, hastío sin medida

Cabro Chico Caprichoso (CChC) y Madre Colapsada (MC), en cola del supermercado.

-CChC: Ya po, mamiiiiiiiiiiiiiiiiiii
-MC: Córtala, te dije que no.
-CChC: Ya po, cómprame papas fritas.
-MC: Córtala, te has portado pésimo. Te dije que te portaras bien, que no me hicieras rabiar, pero te saliste con la tuya. No te pienso premiar. Además, en la casa te doy comida.
-CChC: ¡Yo no voy a comer!
-MC: ¡Quédate quieto, que la gente te está mirando!
-CChC: ¡No me retis!

-MC: Espérate no más, que en la casa nos vamos a arreglar (glup).

domingo, 2 de noviembre de 2008

Mi mamá me mima (*)


Un miércoles de agosto, en 2006, fui dejar a Marta Zapata Muñoz, mi mamá, al terminal. Debía viajar de urgencia a Calama, porque mi prima Ximena había muerto imprevistamente a los 29. Yo no recuerdo de qué hablamos en el camino o si debimos esperar mucho rato.

De esa noche, sólo tengo dos certezas: Que hasta que subió al bus, nunca solté su mano y que cuando levanté las mías para decirle “chao”, la vi tan triste y tan incansable tras la ventana, que supe que alguna vez se iba a morir. No ese día, no esa semana, no ese año; sino que alguna vez en la vida.

Mi madre murió tres días después, al mediodía del sábado 19 de agosto. Antes de eso, me gustaba fantasear que la muerte no era terrible, que era la mujer lujuriosa de “El Poeta y la Muerte”, de Nicanor Parra, o la vieja vestida de azul que le pedía a Amaranta Buendía que le enhebrara la aguja en Cien Años de Soledad.

Sin embargo, las cosas son tan distintas a la literatura y nos tocó entenderlo de golpe. De golpe y en medio de hartos trámites, porque la muerte también le lleva burocracia, papeleo, cálculo de cuotas y conversión de pesos a UF, para tener un lugar donde el cuerpo cumpla el descanso eterno que sigue a la partida del alma.

Aunque tengo muy claro que en esos días a mí, mi padre y mis hermanas nos cambió radicalmente la vida, no recuerdo mucho como fueron. Tengo apenas unas imágenes sueltas: Los abrazos gigantes y acogedores de la familia, los parabienes de los vecinos, el cariño calladito de los amigos que estaban allí, solucionando problemillas; a Matías, el hijo de mi prima, que no tenía más de dos años en esa época y que jugaba con los perros, dando vueltas sin comprender el desconsuelo de los grandes y aliviándonos por lo mismo. O a Gabriel y su mamá –que se llama igual que la mía-, que nos regalaron una semana de sus vidas después del funeral.

Sí tengo más claro qué pasó los días siguientes. Días donde no entendía nada, cuando el impulso es tratar de engañarse creyendo que tal vez es un sueño; tratando de mirar desde afuera, exigiendo explicaciones a dios y concluir que quizás el silencio significa que al otro lado de la línea no hay nada.

En ese tiempo, aprendí una gran lección: Que valía más buscar consuelo en el amor que mi madre y yo nos tuvimos y que permitió que no quedaran cuentas pendientes entre las dos. El mismo cariño que me lleva a recordarla como la persona más importante de mi vida y como una mujer buena del alma, exigente y dulce, de ojos grandes, sonrisa triste y un humor negro y retorcido, de sarcasmos y juegos de palabras, en los que me reconozco cada día más.

Mi mamá creía mucho en dios y se angustiaba algo cuando nos veía a mi y mis hermanas no muy convencidas respecto a su existencia. Hoy, creo que la idea de dios que tenía hace algunos años se relaciona bastante con la admiración que siempre he sentido por mi madre. Por su capacidad de amar, de entregar cariño gratuitamente, aunque a ratos se riera bastante de la humanidad y su tontera; pero también por no tolerar que hiciéramos la vista gorda, o las cosas a medias, o a la rápida, o a la mala

De mi mami, además del tamaño de los ojos, la miopía, la poca tolerancia con los malos olores y el humor negro, heredé también el gusto por el fútbol. La pica infinita cada vez que pierde la U, el exquisito placer de olvidarse del mundo durante la hora y media que dura el partido, la adrenalina ante un corner, un penal o un avance en el área chica. Y en el momento del gol, por supuesto. Además del orgullo ñoño de identificarse con un club encantadoramente loser.
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Ya van más de dos años de extrañarla a diario. En los momentos brillantes, como la encuadernación de la tesis eterna y los exámenes y el título. Y en los ratos cotidianos, por supuesto. En los picarones que faltan cuando llueve o en el abrazo urgente de cuando las cosas no andan o dan pena.

Otra de las lecciones que en lo personal me dejó su fallecimiento es que la muerte es una vieja intrusa y obstinada y que si decide que las cosas llegan hasta acá, pues hasta acá no más llegan. Y ante eso –y pese al miedo enorme de perder otra vez a alguien que quiero-, no hay mucho que hacer; pero ayuda bastante si se ordenan los afectos y se limpian los rencores. Aunque suene a frase hecha, no se pierde nada si se dice “te quiero”.

Hace algunos días soñé que mi mami volvía a decirme exactamente lo que siempre quiero oír. Que no importa lo que pase, ni la pena, ni la rabia, ni la incertidumbre: De alguna forma, las cosas van a estar bien.

Soñar con ella me alivió porque además de recordar su consuelo, se disipó un temor recurrente: la posibilidad de perder la memoria y su imagen. Y la verdad es que cuando me empieza a dar pena porque empiezo a sentir que la olvido, pasan como éstas. Alguien se acuerda de algo que dijo o hizo, o nos cuentan una historia de antes de que fuera la mamá o, pasa que estamos en lo mejor de un sueño pichiruchi y ella aprovecha un pausa onírica para dejar claro que pese a la impertinencia de la muerte, se niega a abandonarnos a nuestra suerte.


*Este texto apareció en la edición del domingo 2 de noviembre de 2008 en
www.diarioeldia.cl, con motivo de la conmemoración de Todos los Muertos. Estos párrafos forman parte de un reportaje escrito por Mónica Cerda.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Cosas que a pocos les importan - Parte I


¿Y qué será de Los Venegas (ahora que el Pelao es alcalde?)


Ad honorem. Así será la participación de Jorge Gajardo en Los Venegas. Esto porque su rol de alcalde le impide percibir ingresos adicionales a los que le asigna la ley por su rol como autoridad edilicia.

Y es que la contingencia post electoral es una buena excusa para hablar de la serie, que lleva 20 interminables años aire, nadie sabe muy bien por qué. Según Wikipedia.es, Los Venegas se inspira en un espacio de Sábados Gigantes, Los Valverde. Emulo al senador Navarro y cito a la enciclopedia on line: “dicho espacio de humor, contaba las peripecias de una familia media chilena y en ella, el propio Gajardo era el padre de familia. Su hija era un personaje interpretado por Marilú Cuevas, quien tenía dos pretendientes, protagonizados por Patricio Torres y Óscar Olavarría”.

Para algunos, la continuidad de la serie está íntimamente ligada a la transición chilena, su modus operandi y a los cambios que el chileno de a pie ha ido sufriendo en estas épocas. Sin considerar que para muchos, el compadre Moncho es un personaje de culto, pese a ser barsa, flojo, irresponsable y estar constantemente perjudicando a sus amigos. Lo mejor de lo nuestro, como lo puede usted notar.

Pero más allá de esta divagación, lo que me gustaría plantear es, desde el punto de vista del espectador casual, algunas interrogantes que surgen tras tanto tiempo de exposición a esta sitcom (¿com?).

Primero, qué pasó con Memito, el personaje que mejor envejeció en la serie. Lo último que supimos es que, en la ficción, se recibió de ingeniero forestal, pero nunca nos enteramos por qué nunca más volvió a la casa paterna, ni siquiera de visita. ¿Hubo una pelea? ¿Líos por la herencia familiar? ¿Por qué mandó a su hija a vivir con los abuelos Venegas, como ocurrió la última temporada?

Otro de los misterios es el cambio de la Camilita, la insufrible hija de la aún más insufrible Paolita. (Por cierto, el marido de Paolita también es insufrible). Sin decir agua va, de un día para otro, cambiaron a la actriz y más encima, parece que la actual interpretó en algún momento a una amiga de Camilita… Esquizofrenia pa grande.

Otra duda es si el Pink superó sus problemas de adicción, qué pasó con el segundo hijo de Paolita (estoy casi segura de que estuvo embarazada tras haber tenido a Camilita), cómo fue que la Camilita (además de cambiar su apariencia) creció tan rápido (entiendo que hace rato está en la educación superior, aunque la serie lleve veinte años y haya empezado con su mami televisiva como colegiala). O qué pasó con los hijos de Moncho y la Mirnita, paga el señor ése la pensión alimentaria. O qué pasó con el señor Retamales, si le pagaron la indemnización a la nana Estrella o la Kimberley, cuando dejaron de trabajar para los Venegas, por qué todos los años renuevan el living (siendo que son una familia de clase media), que pasó con el hermano barsa de Silvita y el sobrino de los ojos claros (ahí sin que veía la serie, je).


Tampoco hemos sabido si la señora Hildita ganó alguna vez en el Teletrack y si su amiga, la Bertita, falleció. Y a propósito de decesos, ¿cómo asumirá la serie la eventual muerte de alguno de los actores? ¿Se optará por hacer morir al personaje, por lo que el resto de la ficción deberá asumir el duelo respectivo? ¿O mejor se lo manda de viaje y la sitcom sigue su curso, como si nada? ¿Vamos armando tabúes, corriendo un tupido velo, evitando el desgarro? ¿A la chilena, en definitiva?