"Me asusta, pero me gusta"
-Gilda-.
"Tengo miedo, tengo miedro, tengo mucho miedo"
-El pato miedoso, en 31 minutos-.
El miedo es un sentimiento dúctil, adaptable a distintas situaciones. Hoy, por ejemplo, me tocó cubrir una misa de un grupo de pinochetistas en honor al dictador. Como invitados especiales estaban la Lucía chica y su hijo Rodrigo, el mismo que acompañaba al ex militar durante el atentado del FMPR en el Cajón del Maipo, en 1986.
Si bien no demasiado cordiales con la prensa, ambos entraron piola y aceptaron contestar algunas preguntas. Pero como uno siempre quiere más, debimos esperarlos hasta el fin de la misa, que incluyó las interpretaciones del Himno Nacional -con estrofa "vuestros valientes soldados"- y "El Rey".
La cosa es que cuando salieron de la Iglesia, en medio de besos, sobajeos, fotos y autógrafos, la madre y su hijo eran otros. Inflados como sapos. Y con mi colega volvimos al ataque, pero desistimos porque la cosa se puso tensa. Las viejas empezaron a gritarnos que no fuéramos desubicadas y admito que paré porque temí que me pegaran.
Otro susto que he sentido en estos días es a causa de unos exámenes que debo realizarme y que pretenden determinar qué tanta propensión tengo a formar coágulos y generar algún tipo de tromboembolismo, que fue la causa de muerte de mi mamá y mi prima Ximena, fallecia algunos días antes.
Antes de que mi mamá se muriera, a mí no me daba miedo la muerte. Es más, la consideraba casi un premio al esfuerzo. Pero después, pensaba en mi deceso y me daba susto. Mucho. De hecho, hace algunos meses estaba tan estresada que me dolía el pecho y me "sicoseaba", pensando en que me podía morir de repente. Ahora ya no es tanto, aunque de todas formas a ratos me inquieto.
¿Ven que el miedo es dúctil y adaptable?