jueves, 18 de agosto de 2016

19 de agosto (diez años después)

Yo calculo que ella regresó semanas después, cuando la pena estaba viva y creciendo. Volvió y se instaló en mis sueños. Soñaba seguido con ella. Ya no recuerdo el detalle de lo que soñaba, pero siempre estaba el mismo temor latente: que en cualquier momento, ella se moría de nuevo. Aunque fuera más jovial de costumbre o estuviera en historias ingenuas, como la vez que construímos un autito a escala, con puras tablas viejas, y competimos con otra gente, en plena carretera.

Al principio yo me desconcertaba y trataba de explicarle que esto no era posible: que había fallecido y que los muertos no regresan. O al menos, no de esa forma. Pero ella, en mis sueños, como si nada. Estaba cómoda siguiendo las leyes de ese espacio improbable en el que empezó a habitar. Así que de tanto dormir, perdí los temores y mi madre seguía con vida.

No soñaba todos los días con ella, pero su presencia era frecuente, tanto que pasó a ser cotidiana. Lo pasábamos bien. Además del autito de madera, cocinaba los dulces de siempre (alfajores rebozantes de manjar, la mayoría de las veces); íbamos a la feria o al supermercado, a Ovalle, a la playa o nos tirábamos  asolearnos al costado del río, como lo hicimos varios veranos a la orilla del Elqui.

En cambio, casi todo era triste en el estado de vigilia. Una pesadez que en mi casa no sabíamos muy bien cómo sobrellevar. Hubo que acostumbrarse a hacer las cosas de otro modo, probar otros sabores en la comida (un poco desabrido cuando era yo la que cocinaba), crear otros rituales, nuevas rutinas, nuevas responsabilidades. Acostumbrarse a no verla más.

En mis sueños ya no tenía miedo de olvidar la forma cómo sonreía, o como achinaba los ojos cuando bromeaba. Pasé algún tiempo obsesionada con no olvidar su tono de voz, las inflexiones, su manera de desplazarse, con los hombros caídos y el paso rápido. Y todo lo que despierta creía perdido, lo recuperaba cuando dormía.  

Pero así como llegó, un día, poco antes de que me viniera a Santiago, ella decidió que era hora de irse. No fue que muriera de nuevo, como tanto temía en mis sueños. Fue algo como tomar sus cosas y decir “ya, chao, niñas, cuídense mucho”. Y abrir la puerta, pasar el umbral y cerrarla.

No sé muy bien para dónde voy con todo esto. Quizás quiero recordar la sensación de alivio que sentía cuando dormía y mi madre estaba allí, resistiendo a la muerte en mis sueños.

martes, 2 de febrero de 2016

(Feroz)

Sólo acepté que esto se salió de mis manos la primera vez que le pinté las uñas. Antes de ese día -cuando me dejó elegir un fucsia vibrante-, me aferraba a la ilusión de que cada una de mis derrotas eran parte de mi estrategia para superar un juego de dos contrincantes.

Al principio me pareció una muchacha común. Linda, por supuesto, pero no más que muchas otras presas que había cazado en los últimos años. Si ese día no hubiera llevado esa capa roja, tal vez no hubiese sido capaz de reparar en ella, en ese atadito de huesos de aspecto frágil que se movía con cautela en medio del bosque.

Fue el aburrimiento lo que me acercó a ella. Partí jugando el único rol que aprendí, el de depredador. Apenas me presenté, ella cayó encantada en mis redes. Habíamos librado una contienda muy desigual, donde yo me impuseo irremediablemente.

La prepotencia no me dejó ver lo que ahora es evidente: que la trampa estaba puesta del otro lado. Al principio me divertía su ternura, su necesidad de aferrarse a mí mientras dormía. Me mareé con la devoción que me profesaba, sin darme cuenta que mientras ella ganaba terreno con su aire de inocencia y sus falditas leves, yo perdía mis cuotas de control.

De un día para otro nos fuimos a vivir juntos, en la casita que había heredado de su abuela. Allí, en ese espacio que tan bien conocía, empezó a cambiar la piel, como las culebras. Ya no era la criatura débil que reclamé para mí: ahora era yo el que no concebía vivir sin ella.

Una noche, mientras dormía, tuvo la osadía de ponerme un collar en el cuello. Desperté atormentado por el peso nuevo sobre mis hombros y quise reclamar por la afrenta. Sin embargo, desarmó mis alegatos enumerando las posibilidades eróticas de la situación. Entonces se quitó la ropa y se abalanzó sobre mí, mientras yo me dejé querer, fingiendo ignorar lo irreversible de mi derrota.

Así fue cómo me convertí en un quiltro sumiso, pero solo me di cuenta cuando accedí a su petición más insólita: “pintame las uñas, lobito”. Desde entonces, todos los domingos, me toca retirar el esmalte, pasarle la lima, sacarle las cutículas. Muevo la cola cada vez que me permite elegir el color nuevo y suplico mentalmente porque no concrete la idea de traer a casa a sus amigas, para que ponga en práctica mis dotes de manicurista.  


martes, 27 de octubre de 2015

Cosas que aprendí viviendo con gatos

-Cuando un gato quiere, quiere. Cuando un gato no quiere, no quiere (parafraseada a Redolés).

-Los muebles y el papel mural son pasajeros. Solo las bolas de pelos son eternas.

-El cascabel suena bonito al oído que lo escucha, pero agobia al cuello que lo porta.

-Agua que no has de beber, déjala correr (es decir, derrámala sobre el piso flotante o tírale pellets encima. O mejor aún, mete las patas dentro del tiesto y deja huellas húmedas en el suelo).

-Las mejores siestas son las que se duermen sobre ropa negra.

-No hay amor más fiel que el de las gatas.

-Si escarbas con mucha fuerza en la caja de arena, puede que alguna vez llegues a China.

-Lamerse el pelaje no es toc. Lamerse el pelaje no es toc. Lamerse el pelaje no es toc. Lamerse el pelaje no es toc. Lamerse el pelaje no es toc. Lamerse el pelaje no es toc. Lamerse el pelaje no es toc. Lamerse…

-El mejor momento para jugar con escándalo es en la fase REM del sueño de otro.

-El mejor momento para dejar de ignorar a un humano es cuando el humano se decide a ver una película en Netflix.

-Las palabras más bonitas del idioma español sirven para nombrar a los gatos. Por ejemplo: Carey.

-El ronroneo espanta el insomnio y cura el mal de amores.

-No es agosto sin maullidos desaforados, como no es septiembre sin alergias y no es diciembre sin pan de pascua.

-Los gatos, como los humanos, se van cuando tienen que irse. Y cuando un gato tiene que irse, una tiene que dejarlos partir.

-Los gatos tienen siete vidas y si les caes en gracia, se las arreglan para coincidir contigo en más de una.  

domingo, 12 de abril de 2015

Derrota


Cada vez que va al centro cívico, doña Raquel cruza en diagonal la Plaza de la Constitución, desde Teatinos a Morandé. Cuando pasa frente a la estatua de Allende, suspira al leer la inscripción en el pedestal: “Tengo fe en Chile y su destino”. "Para qué gastarse tanto, Salvador", dice doña Raquel y enumera: el país está hecho a la medida de lo posible, los jóvenes combatientes se convirtieron en viejos complacientes y las grandes alamedas siguen cerradas, reemplazadas por autopistas concesionadas por donde pasan los automovilistas libres, siempre que tengan plata para pagar el TAG.

jueves, 9 de abril de 2015

Olvido

Algunos días evoco la presión incierta de un abrazo sobre mi cuerpo, cediendo lento a una pasión que parece que me consumió en sueños. Guardo imágenes muy vagas de un paseo nocturno por París, entre Londres y la Alameda; me parece que mis tacos resonaban sobre los adoquines y mis dedos se aferraban a una mano. A veces, desde mi ventana, veo a lo lejos la Iglesia de San Francisco y ansío saber si es cierta esta historia o si la inventé por aburrimiento.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Una humana en un departamento vacío

“Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería”.


Aún quedan sus pelos. En la ropa, en los muebles, en mi cama. En los sillones y los cojines. Debajo de los muebles, en los guardapolvos. En los rincones y ranuras donde me cuesta maniobrar la aspiradora. Me quedan los pelos y su collar. Una correa de cuero –o imitación de cuero o cuero ecológico- rojo, con un pañuelo coqueto en rojo y blanco. Lo elegí porque se veía bonita con ese collar, en armonía con sus propios colores.

Alguna vez una de mis tías dijo que los gatos colorines traían suerte. Me acordé de eso poco tiempo después que llegó la Betina, y por si las moscas, por si las supersticiones resultan ser verdades concretas, jugué algunas veces el Loto con patéticos resultados. Aunque también me gané un bolso y un secador de pelo en una rifa en la pega. Y 600 pesos en el Kino que me compré la semana pasada, la última que viví con ella.

Mala suerte en el juego, excelente en el amor de las gatas colorinas. Estoy segura de que la Betina me amó o al menos, me dio amor desde la primera vez que nos vimos. Apenas entré a la gatera para mirar a los mininos. Sus insistentes maullidos me atraparon en segundos y solo tuve ojos para ella.

Fue un fulminante amor a primera vista. Antes de que abrieran la jaula para que pudiera tomarla. Y ya estaba totalmente enamorada cuando la dejé en el suelo y caminó hasta las jaulas de los cachorros, que la llamaron apenas la vieron desplazándose libre.

Antes de conocerla, pensé que la llamaría “Dama” por una canción. Sin embargo, ella se llamaba Betina, un nombre que jamás se me habría ocurrido ponerle. Y lo conservó porque tenía cara de Betina, y cuerpito de Betina y ronroneaba como Betina, mostraba su guata de Betina y sus prrrr prrrr y sus miau miau eran  prrrr prrrr y miau miau de Betina.

Pasaron tantas cosas entre ese 11 de enero y el 4 de noviembre. Todas durante este 2014. Cosas lindas como una gata entrando en un departamento semi vacío, una gata moviendo sus bigotes y oliendo ese nuevo espacio. Una gata saliendo al balcón y reconociendo una nueva caja de arena. Una gata pasando de largo por la camita que le compré, una gata subiéndose rauda a la mía, acomodándose a mi lado, desde donde no se movió prácticamente jamás. Una gata ronroneando, subiéndose a mi regazo, pasando su lengua de lija por mi brazo, como si mi brazo fuera su gatito bebé.

Y pasaron también las noches de maullidos de bienvenida, la insistencia de restregarse contra mis piernas apenas yo entraba a casa, el afán de no quedarse tranquila hasta que la tomara en brazos, rascándole el cuello y la cabecita. Las juntas con amigas donde ella maullaba como si estuviera opinando, mientras se acomodaba con desparpajo en las piernas de alguna visita. Y el cariño que me dio con total generosidad, abriéndome su precioso corazón y aceptándome tal y como soy. Limpiándome penas añejas y dándome nuevos bríos.

Pero hubo también cosas feas, como la pérdida de apetito, la fiebre fulminante de un día de octubre, la lucha para suministrarle un tratamiento de diez días de antibióticos. Su agotamiento y respiración agitada del 1 de noviembre, su última vez en el hogar. Y la tarde triste y del terror en un hospital veterinario durante un feriado, el día después de Halloween. Y la angustia por encontrar un gatito que nos regalara sangre para transfusión el domingo. Y el miedo de lunes por la mañana por tres diagnósticos infames relatados por teléfono. Y el agobio de una conversación en persona con la veterinaria, el lunes por la tarde, cuando vi una radiografía donde aparecía el corazón de Betina, inmenso, mientras una voz me explicaba el tremendo esfuerzo que estaba haciendo el cuerpecito de mi gata para mantenerse con vida.

Ese lunes tuve la certeza de que se iba a morir. Pude verla un ratito en la tarde. Abría por ratitos la caja de plástico donde la tenían para mantenerla oxigenada, instantes en que me acercaba la cabecita o el cuello para que se los rascara. Esa tarde y durante la mañana del martes, mi gata dio la pelea. Hasta el mediodía, cuando bajó los brazos.

Han sido duros estos días sin ella. Duros porque me acuerdo de sus maullidos, sus ronroneos, sus siestas al lado mío, su emoción al notar que estaba cocinando atún, carne o pollo. Y también porque a ratos no me acuerdo de que está muerta y hago el amago de salir al balcón, a limpiar al arenero. O miro bajo el mesón y ya no está el pocillo con pellets. Y en las noches el sueño se me esconde porque falta la que ronronea.

Es triste y por eso –a riesgo de sonar cursi o ingenua- me aferro a la idea de que los gatos tienen siete vidas. Pienso que la Betina quizás solo se ha gastado una, que le quedan otras seis, porque podrían ser seis nuevas posibilidades de volver a encontrarme con ella.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Betina

Tras la puerta siempre ella. Apenas entro mueve la naricita con curiosidad, me huele, se restriega en mis piernas, y maúlla como si fuera una minina de pocos meses. No se queda tranquila hasta que siente mis manos por su lomo naranja, su guata blanca, su cabeza frágil que se rinde ante mis dedos.

Yo también me rindo ante ella. Más rápido, incluso. Ante su ronroneo, la suavidad de su pelaje, su capacidad de aceptarme tal y como vengo. Parece que no le importa que sea parca, ensimismada, aprensiva, mañosa. Aunque ella sea todo lo contrario: confiada, cariñosa, conversadora (miau, ñau, prrr).

Para ella está bien quién y cómo soy. Tal como vengo.

Vivimos juntas –ella, sus pelos bicolores y yo- hace casi nueve meses. En la noche se acomoda a mi lado. La mayoría de las noches se queda dormida sobre mi estómago, con una de sus patas sobre una de mis manos.

Muchas veces se despierta varias horas antes de la hora en la que dejo programada la alarma. A veces le da por presionar mi cara con sus garritas, para que me despierte y le rasque la cabeza. Otras lengüetea mis brazos como si fuera el cuerpo de un cachorro. De uno suyo.  En otras ocasiones se sube sobre mi cuerpo y me despierta con sus maullidos, como si despertara con ideas que necesita contar. Maullándome sobre la cara, con su aliento con olor a pellet de pescado. .


Así, con esas prácticas, me ha ido limpiando. Antes de que llegara, yo estaba envejeciendo y llevaba un buen tiempo sintiéndome desorientada, desanimada, cansada. Se me estaba olvidando cómo era cuidar o ser generosa y confiada. Me regaló la opción de abrazar cuatro kilos de fragilidad y elegancia. De creer en un cariño incondicional. De querer así como ella: gratis. Me ha apaciguado y se ha ido incrustando en mi mundo como sus inacabables pelos en mi ropa.

miércoles, 4 de junio de 2014

Lluvia

Caen las primeras gotas. Un ejército de paraguas abandona las oficinas del centro, ante las burlas de las huestes del sur, que aseguran que en sus tierras, esto no daría ni para rocío. Yo miro de lejos la guerra pluvial entre capitalinos y sureños. Me alejo cantando de la batalla, esquivando a saltos los charcos. Vuelvo a ser una niña del norte que regresa a casa bajo la llovizna.

lunes, 8 de julio de 2013

Qué más da

Pensé que nuestro final iba a ser distinto. Mi voz con un sonsonete infantil, ebria, diciéndote que me voy porque te odio. Los Viking`s 5 sonando de fondo, como en todas tus borracheras. Tantas veces imaginé la escena. Apurarías el último trago de vino, incapaz de agredirme nuevamente, incapaz de impedir el portazo que acabaría con esto. Quien iba a pensar que el fin sería tan distinto. Tu cuerpo inerte bajo los escombros. Yo llorando desolada, damnificada, apegada a tu única mano libre. Años tratando de escapar y te mueres justo ahora, con el miedo que me dan los temblores.




*Hace tiempo escribí esto. Olvidé el título, pero la canción de Los Vinking`s 5 en la que pensaba cuando armaba este cuento era "Un año más", de Hernán Gallardo Pavez, que murió este domingo.






miércoles, 29 de agosto de 2012

Señor Director


*Escrito a cuatro manos con @_Marcela_Zavala, por el loco año 2010. 

Señor Director
Presente:

Le escribo para comentar un tema que me tiene inquieto. Estoy seguro que muchos lectores de su prestigioso diario sienten lo mismo que yo.

Quisiera contarle que soy un hombre honesto y de valores bien tradicionales, que goza de los detalles de la vida: una pilsener heladita con harina tostada y un pernil de cerdo, escuchar las canciones del rancherito Hernán Arístegui y de vez en cuando ir a la plaza a jugar un dominó, tomando un cafecito con una buena pizca de aguardiente de Don Moncho (una de las pocas buenas y entradoras en calor que van quedando en el Norte Chico).

Dentro de mi vida apacible hay una sola desilusión, y que usted estimado lector compartirá conmigo: Las mujeres ya no son como antes. Soy viudo hace más de 15 años y aunque en un principio me negué a buscar a una nueva esposa, al final fui hasta la tumba de la Estelita y le dije que tendría que buscar otra mujer que me acompañara en mis últimos días.

Por eso, con un poco de vergüenza y envalentonado por mi nieto, alguna vez publiqué avisos a la sección de clasificados para ver si encontraba a alguna señorita buena, que se allegara a mis terruños porque aquí hay harta tierra para cultivar y harta pala que echar. Faltan esas mujeres trabajadoras y que siempre están dando el mejor alimento a las gallinas para que bien rechonchas se vayan a la olla y se conviertan en cazuelas sustanciosas.

Sin embargo, mal me ha ido. Mi nieto Alberto, que es que me ayuda a mandarle esta carta, me impulsó que me reuniera con algunas señoras que contestaron los avisos que publiqué en su prestigioso diario, pero no hubo caso. 

No congenié con ninguna de las damas. 

domingo, 12 de agosto de 2012

El tamaño de los peces


Norman Vargas apenas se ubicaba en Santiago. Solo había ido un par de veces antes. La primera, para acompañar doña Elba, su mamita, a hacerse unos exámenes en el J.J. Aguirre, donde le confirmaron el fulminante cáncer que la mató hace unos años. La segunda, para traer a su hija, la Laurita, cuando se le metió en la cabeza la idea de comprar ropa y venderla en el pueblo. Prendas que no tuvieron buena acogida y que terminaron en el clóset de la regalona y sus hermanas.

Pero ésta era la primera ocasión que venía por él a la capital. A jugársela por algo grande, en la junta del partido. “Es importante que te vean, hombre”. Así le dijo expresamente el diputado Marín, a quien consideraba un hombre bueno y un verdadero amigo, aun cuando no faltaran las malas lenguas que lo acusaban de borracho, vividor, mujeriego y ladrón.

A Norman Vargas -Varguitas para los amigos- no lo inquietaban esos rumores. El diputado Marín era de los que no sólo se aparecían en campaña, sino de los que estaban siempre con la gente de la población. Qué importaban su permanente hálito alcohólico, que le pusiera los cuernos a su esposa con la señorita Berta, la secretaria que siempre lo acompañaba en las salidas a terreno. Tampoco hacía caso a los rumores que lo acusaban de arreglarse los bigotes con un par de alcaldes de la zona. 

“Qué importa que robe, si igual hace cosas por nosotros. Aparte que no se le ha comprobado nada”, argumentaba Varguitas cuando le tocaba defenderlo.

jueves, 14 de junio de 2012

Pinochetazo






Ahí estaban. Gritones, estruendosos, desafiantes. Hinchados como sapos, celebrando que gracias a la política del empate, del tenemos-que-reconciliarnos y del todos-tienen-derecho-a-manifestarse-en-la-buena-onda, estaban allí, con la calle tomada. Como si el general aún estuviera en pleno apogeo y no fuera un puñado de cenizas.  Asegurando que Pinochet y la CNI eran los liberadores del país, obviando las negras cifras que confirman las violaciones sistemáticas a los derechos humanos en la época del régimen militar.

“¡El pinochetismo está vivo!” Y “Es hora de conocer la verdad histórica”, chillaban con ardor milicos de bajo rango en retiro, civiles agradecidos de “la obra” y un ejército de clones de Patricia Maldonado, aunque la ahora figura de la TV no estuviera allí.

Porque no llegó la Maldo (te nos caíste, Maldo),  ni la Maqueca, ni Cardemil, ni Moreira (“traidor”, le gritó la concurrencia).  Tampoco estuvo la generación Chacarillas: no fue el Pollo Fuentes –bueh, se desmarcó hace rato-, ni Joaco, ni Pablo. Es más, ese día, en TVN, Andrés (aka el ministro vocero de gobierno, Andrés Chadwick) aseguró que "hay una situación de la que me arrepiento, que es la violación brutal a los derechos humanos y tengo un profundo arrepentimiento de haber sido parte de un gobierno donde esos hechos sucedían”.

Apenas llegó Alfonso Márquez de la Plata, ex ministro de la dictadura y el organizador del homenaje que se le hizo al brigadier ® Miguel Krassnoff Marchenko, procesado por violaciones a los derechos humanos. El ex secretario de Estado, al irse del barrio San Diego un par de horas después del show, se llevó un par de chuchás y unos cornetes de parte de indignados por el tributo.

ALMAS GEMELAS

Pero volvamos al Caupolicán, el domingo 10 de junio, 10 horas. Unas mil personas (la capacidad del teatro es de 5 mil) llegaron con pancartas, lienzos, fotos del dictador abundaban en la calle San Diego, a la altura del 800. Las señoras más fanáticas llevaron incluso unos bustos de bronce, que  cargaban como si fueran reliquias. Otras vestían unas camisetas blancas, de manga larga, con la imagen del viejo impresa y ya desteñida. Una de las señoras explicó que muchas de esas poleras fueron usadas por las comitivas que viajaron a Londres, cuando exigían la liberación de Pinochet, durante su detención en Inglaterra por el proceso que seguía en su contra el juez español Baltasar Garzón.

Las mismas damas aguerridas, que mostraron su fiereza contra los ingleses en la capital británica o ante su embajada, en Santiago, se derritieron cuando llegó el héroe de la jornada: Augusto Pinochet Molina, ex capitán de Ejército y que se hizo conocido durante el funeral del dictador, por arrancarse con los tarros en su discurso, lo que generó su baja.

domingo, 20 de mayo de 2012

Guía práctica para el 21 de mayo (reciclable)


-Oirá frases como “institución republicana”, “tradición republicana” y “tradición cívica” un promedio aproximado de 23 veces por hora. En regiones, sumará la expresión “impecable desfile cívico militar” unas 6 veces cada 30 minutos.

-Su Excelencia tendrá un lapsus (aka piñericosas), lo que abarca desde el estreno de un nuevo tic, un chiste fome y prepotente y “resucitar” países que ya no existen, como Yugoslavia, Checoslovaquia. Entre las naciones que nos podrían poner como meta para llegar al desarrollo, digamos de acá al 2014, se cuentan la República Turca del Norte de Chipre, Kosovo, el Imperio Otomano, Prusia y Krakozhia.

-Alguien notara que falta algo en el hemiciclo, sin precisar qué. Al terminar el discurso presidencial, en la TV recordarán que los senadores Navarro y Frei cumplieron con su promesa de no asistir a la cuenta pública.

-La Concertación irá vestida de negro, con cartelitos y lienzos que proclaman “La alegría ya viene, Contigo Bachelet”, para desagraviar a la ex mandataria de tanto ataque injusto. Sin embargo, dirigentes del PPD y la DC terminan discutiendo a gritos antes de entrar al Congreso, debido a diferencias valóricas  en torno al sentido de la palabra “alegría” en la citada frase y con diferencias electorales, respecto a someter o no a Bachelet en las primarias.

-Los ministros Allamand, Golborne y Longueira irán con sus mejores pilchas, sonreirán lo justo y necesario durante las cuñas –como estadistas, pero cercanos- y besarán a cuanta vieja o cabro chico se ponga por delante. Eso sí, negarán estarán en campaña y se enojarán si alguien osa a sugerir que se comportan como candidatos.

-Seguramente, por ser Chile un país sísmico, temblará en algún lugar de Chile. Si es grande y ocurre en Santiago o Valparaíso, habrá cobertura especial, paralela a la transmisión desde el Congreso y la Onemi evacuará, por si las moscas. El bajo pueblo se reirá con el episodio, asegurando que demuestra que su SE es tan yeta como Arjona o más.

-Si es fuerte, pero en regiones y lejos de la costa, solo dará para mención en medio de la cobertura especial. En provincia, reclamarán contra el centralismo y dirán que ni Santiago ni Valparaíso es Chile.

-Si el movimiento telúrico se percibe en Santiago y Valparaíso, a la hora de la cuenta pública, al día siguiente, los “expertos” de Cuec Alert harán una ronda por los matinales de la TV. Salfate declarará que “todo calza, pollo”. Por cada vez que se atribuye la predicción de un sismo, por pichiruchi que sea, se arruina un sismógrafo. 

-Lun se la jugará por apoyar la ley de cuotas y elaborará un ranking de las parlamentarias más minas del Congreso durante la cuenta pública. Serán destacadas la senadora Rincón, por sus piernas, la ministra Matthei, por sus piernas, la diputada Goic por sus piernas, la diputada Cristi, por verse regia a su edad, la senadora Pérez, por progre y regia, y la ministra Schmidth, por progre y regia.

-Durante su discurso presidencial, el jefe de Estado hablará de sus esfuerzos por convertir, con la ayuda del Señor, un país fértil, fecundo y productivo, donde triunfen los emprendendores y los hijos de la clase media, en especial los hijos de los funcionarios públicos. Mencionará de pasada lo de la reconstrucción y el resto del tiempo hablará de todos los esfuerzos de su gobierno por rescatar a los 33 de Atacama, de cuando recibió la camiseta del Bayern Munich a manos de la Bachelé alemana y sacará –sí, otra vez-, el papelito de los mineros.

-El resto de la cuenta pública será vía power point.

-A través de Twitter, Marcelo Brunet y Pablo Matamoros declararán que es el mejor discurso de los últimos 200 años en Chile. El (la) CM de Gobierno de Chile celebrarán que lograron varios TT, aun cuando éstos sean del tipo #cállatewnoh, #piñerayeta #piñericosa #tusunami y así. 

viernes, 27 de abril de 2012

La Nueva Forma de Conjugar


-Yo soy clase media. 

-Tú recibes bonos (tienes menos de 8.500 puntos en la Ficha de Protección Social). 

-Él se hace el clase media (atrae votantes esto de aparentar ser un emprendedor de esfuerzo).
 
-Nosotros somos clase media. 

-Ustedes alegan por los bonos (porque ahora son “oposición”). 

-Ellos son populistas (entregan bonos y se hacen los clase media).



*Parafraseado a @mwaissbluth.

domingo, 22 de abril de 2012

María ex Santa


Huyó a oscuras. En Bellavista, quiso entrar a un bar y pedir vodka. Imaginó la reacción de los parroquianos. Se arrepintió. Una figura de mi envergadura debe ser discreta, razonó. En Estación Central, movió sus influencias, subió a un bus y partió con rumbo desconocido. Cuando despertaron, los santiaguinos notaron que algo faltaba. Los devotos lamentaron el castigo divino y los incrédulos, la gestión alcaldicia. Y aunque hoy deba contestar preguntas incómodas por su tamaño y palidez, María goza del anonimato, descansando de súplicas desmedidas y actos indecorosos que se cometían bajo sus pies, cuando regentaba el San Cristóbal.

Despecho


Siempre decías lo mismo. Que estabas a mi disposición, para que huyéramos volando cuando yo lo quisiera. Me carcajeaba con tu ocurrencia, pasando mis dedos por tu dorso. "¿Cómo es posible, si son sólo tatuajes?", te contestaba. Replicabas que no te subestimara, que tu espalda alada podía llevarnos lejos. Que aprovechara mientras el viento estuviera a mi favor y te mantuviera conmigo. Pero me descuidé un poco y te fuiste, planeando. Cuando no hay mucho smog, creo distinguir tu figura en el cielo. Y, entonces, ruego porque el sol te haga pagar tus culpas derritiendo la tinta de tus alas.

sábado, 25 de febrero de 2012

Carta Abierta: El monstruo de la Quinta


Querido monstruito: disculpa que te desconcentre ahora, cuando estás tan ocupado. Sé que es la fecha en la que te dedicas a ser una entidad rabiosa, furiosa, que no se deja pasar gato por liebre. La época del año en que eres terrible e inconmovible con los truchos que tratan de venderte algún show barato. ¿Cuántos espectáculos de mala calidad han sido despedazados por tus fauces?

Disculpa que le mosquee la gran fiesta de Chile, pero te hablo con la confianza de que sabrás leerme, considerando que yo sí vengo de allá, de la galucha, como alguna vez dijo la Raca, en los años que era la reina del certamen internacional. 

Yo te quiero decir que aunque dicen que ya no eres el de antes, a mí me gustaría que las garras las sacaras siempre. Todo el año y ante todo tipo de charchería. No sólo ante los "artistas" simplones o los "profesionales" del humors que basan sus rutinas en agredir a pobres y homosexuales. No. Me gustaría que tu pega no sólo fuera Viña, el chiste fácil y el escandalillo de fin de año.

Yo te quiero ver rugir también ante los que tratan de vendernos la pescá cuando nos tratan de cuadrar las cifras de la reconstrucción, de decir que gracias al Sipco la bencina solo sube un peso, que arriba los corazones porque vienen tiempos mejores o que la alegría ya viene.

Me gustaría que no sólo te rieras de los chistes clasistas y machistas del Presidente (tanto que te gusta el humor básico), sino que además te indignaras con las arrancadas de tarro de sus ministros, como cuando Hinzpeter dice que a los ayseninos se les pasó la mano e ignore los excesos de las FF.EE. O cuando Mañalich acusa que a causa de las protestas murió un hombre  (y no tenga la decencia de retractarse cuando su seremi de la zona y los deudos lo desmienten).  Quiero que te indignes también cuando la Mamá Michelle pone cara de nada y no se haga cargo de varias barbaridades a su haber, como no hacer nada para parar los atentados a los derechos indígenas o los condoros de la madrugada infernal del 27 de febrero. 

No te pido mucho, monstruo. Sólo que no te enguates con el pan, no te idiotices con el circo y que recuerdes al Puma, cuando le dijo en su cara a las autoridades milicas que "a veces, hay que escuchar la voz del pueblo". Aunque, claro, José Luis Rodríguez haya negado la intencionalidad de la frase. 

Chau. Gaviota de oro para ti. 

sábado, 4 de febrero de 2012

Abismo sin medida


No sabe como agarrarla. No se le ocurre. Marianito pocas veces –casi nunca, en realidad-  ha visto una mujer desnuda y ahora se siente confuso, ante ese cuerpo allí, blanco, frío, quieto. Entregado a la situación. A Marianito le tiembla todo: la voz, las manos, las piernas. Y como además está consciente de que tiene el rostro en llamas, más le cuesta pensar cómo resolver la situación y acercarse a ella.

Es el hombre de la funeraria el que toma la iniciativa.

Le dice que primero parta por el sostén. Que se lo ponga y que una vez que la tela tape las mamas, la tomará de los brazos para levantarla y que pueda unir los broches.  El funcionario le explica a Marianito que la rigidez es normal, igual que los moretones en la espalda y las piernas. Que los hematomas se deben a la falta de circulación de la sangre, que debe tener en cuenta que su madre ya lleva más de 24 horas muerta.

Le explica que ponerle la ropa es complejo, pero que como ambos son hombres y tienen fuerza, podrán arreglársela lo más bien.

Marianito sonríe, agradeciendo, aunque lo que en verdad quiere es no estar allí.

Lo que en verdad quisiera es que su madre no hubiera consagrado su vida a él, en cuerpo y alma. Que se hubiese quedado con alguno de los señores que la pretendía. Que hubiera tenido otros hijos y que fueran ellos quienes estuvieran allí, preparándola para meterla al cajón.  Lo que quisiera es haber sido hermano mayor y no hijo único. Que a él, como primógenito, le hubiera tocado solo la pega administrativa del entierro: los trámites con la funeraria, con el Parque del Recuerdo, calculando las UF y las cómodas cuotas mensuales con las que se pagará el nicho.

No es que sea malagradecido.

Es que nunca previó que tendría que vestir a su madre.

La señora Elenita siempre fue muy estricta con el pudor y jamás de los jamases habría imaginado que su hijo único estuviera allí, viéndola desnuda, con sus vergüenzas a la vista, sobre una camilla de la morgue, con tajos en el abdomen y el cuero cabelludo.

Se le hace complicado conciliar esta visión (pechos al aire, pubis al desnudo, el vientre tajeado y cosido) con la de su madre, siempre pulcra hasta en los paseos por el litoral central:  faldas hasta los tobillos, pantys, el infaltable  chalequito de hilo, y un sombrerito tejido a crochet, a juego.

viernes, 27 de enero de 2012

Predicciones 2012 según el Calendario Chino


Sí, es cierto. Estamos casi en febrero y este tipo de contenido suele publicarse antes de enero. 

Pero no es mi culpa si aún no aprendo a leer correctamente las estrellas y me demore con estos vaticinios, que corresponden al calendario chino. Por lo tanto, parten el 23 de enero y culminan el 10 de febrero de 2013.

ENERO:

23: Año Nuevo chino, El Año del Dragón.

29 de enero:  Anatel celebra la emisión de la nota número 3.456.789 del carrete veraniego en Reñaca.

30 de enero:  The Morocco Tribune, una emergente revista marroquí, publica un reportaje en extenso sobre Chile, su presidente y su fama de yeta.

31 de enero:  Juan Antonio Coloma inicia sus vacaciones en Frutillar, donde intenta reponerse de las tensiones generadas por el pacto DC – RN. Lamentablemente, en su primer día de descanso, sale a la calle y descubre que las cabañas del frente han sido arrendadas por Ignacio Walker y Carlos Larraín.

FEBRERO:

02: A través de Youtube, el Negro Piñera lanza un homenaje a Morrissey, días antes que el británico se presente en Viña. Indignado, el ex vocalista de The Smiths cancela su venida a Chile.

04: Conmocionado por el rechazo de Morrissey y creyendo que de veras tiene algún talento,  el  Negro Piñer a saca, a través de Youtube, un homenaje a Salvatore Adamo. El cantante, al enterarse del tributo, monta en cólera y desiste de ir a Viña.

10: En solidaridad con Morrisey y Adamo, José Luis Perales, Luis Miguel, Juan Luis Guerra y Marc Anthony se bajan del show. Lamentablemente, a Diego Torres no le importa el agravio.

22. Comienza el Festival de Viña del Mar. Con varios de los platos fuertes caídos,  la organización acata la disposición del segundo piso, que dispone que sea el Negro que reemplace a los artistas faltantes.

27: Se conmemora el segundo aniversario del 27 – F. En Constitución, el Presidente afirma que Chile, un país con mil años de vida independiente, debe estar orgulloso, porque la reconstrucción moral está en un 89% avanzada.  Agrega que por lo mismo, en las aldeas tendrán paciencia, porque la reconstrución material es una tarea lenta.

-29: Una nueva revista de Katmandú, The Katmandú Times, presenta un número especial sobre Chile, sus playas, riquezas naturales, la efervescencia social y su extraño  sistema electoral. En la sección de humor, publica un compendio con las frases célebres de Piñera.

miércoles, 11 de enero de 2012

Yo, puta

Yo, perra. Yo, hija de. Yo, maraca. Yo, camboyana. Yo, chana. Yo, peuca. Yo, suelta de trenzas. Yo, casquivana. Yo, dama de compañía. Yo, copetinera. Yo, cartucha. Yo, mosca muerta. Yo, las-calladitas-son-las-peores. Yo, niña de su casa. Yo, pava. 


Yo, flaca histérica. Yo, gorda neurótica. Yo, ciudadana de segunda clase. Yo, sin derecho a tener líbido. Yo, sin derecho a aborto. 


Yo, carente de vitamina P. Yo, solterona amargada. Yo, voluble. Yo, amarga. Yo, insatisfecha. 


Yo, inestable emocionalmente. Yo, víctima de las hormonas. Yo, loca de atar. Yo, lunática. Yo, mañosa. Yo, jodida. 


Yo, metiche. Yo, cagüinera. Yo, pendenciera. Yo, arpía. Yo, mala mujer. 


Yo, Yocasta. Yo, Medea. Yo, Ariadna. Yo, Electra. Yo, Antígiona. Yo, Fresia. 


Yo, santa mujer. Yo, la virgen María. Yo, madre. Yo, amor de madre, abismo sin medida. Yo, la niña de sus ojos. 


Yo, musa de Arjona. Yo, mujer florero. Yo, útero con patas. Yo, máquina de hacer hijos. Yo, mano de obra barata. Yo, temporera. Yo, dueña de casa. Yo, caserita. Yo, la vieja de la feria. Yo, la señora del aseo. Yo empleada doméstica. Yo, pobrecita. Yo, mapuchita. Yo, pobladora. 


Yo, calculadora. Yo, trepadora. Yo, arribista. Yo, ambiciosa. Yo, peliteñida. Yo, igualada. Yo, aparecida. Yo, comehombres. 


Yo, débil mental. Yo, sexo débil. Yo, mala con los números. Yo, sin fuerza. Yo, dependiente. Yo, frágil. Yo, carga familiar. Yo, por qué no fui hombre. 


Yo, que lloro por nada y me quejo por todo.