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viernes, 6 de junio de 2008

“Hay que corregir el modelo y para lograrlo, hay que desalojar al Viejo Pascuero y los otros reyes magos”

Justo con la celebración de la Navidad de los Negros, Artabán, el cuarto rey mago, decidió romper su silencio. A más de dos mil años de su expulsión de la hermandad de los sabios de Oriente, el díscolo personaje asegura que tiene el apoyo del Grinch, La Pincoya y Rudolph para crear su referente propio. En todo caso, advierte que cualquier semejanza con nuestra realidad “es sólo coincidencia”.

Dice la leyenda que los Reyes Magos no eran tres, sino cuatro. Que el cuarto se perdió en el camino y que no alcanzó a llegar a adorar al Niño Jesús. Así, Melchor, Gaspar y Baltasar saltaron a la fama y hoy ocupan un lugar privilegiado en el pesebre.

De Artabán, que así se llamaba el mago perdido, nunca más se supo. O más bien, hay una serie de informaciones confusas sobre por qué se separó de sus compañeros.

Hoy, algo más de dos mil años después, Artabán rompe el silencio. Justo cuando se celebra la Epifanía o la llamada Navidad de los Negros.

Asegura que llegó su hora. Su apuesta es crear un nuevo referente, con otras figuras dejadas de lado y que estén dispuestas reformar el modelo navideño, ya que argumenta que –como están las cosas- ni “los sabios de Oriente ni (Santa) Claus merecen continuar en el poder”.

-Artabán, cuéntenos. ¿Por qué se perdió cuando iba a visitar al niñito Jesús?

“Yo no me perdí. Tuve discrepancias de fondo con los reyes Magos –que no podían soportar que desde adentro, alguien le enrostrara sus errores- y seguí mi propio camino, porque estaba cansado de los Sabios de Oriente y pensaba –igual que ahora- que hay que reformar el modelo. Y que la hermandad de los sabios está muerta”.

-Hum, me suena conocido. ¿Cuáles eran las discrepancias?

“Pues que Melchor y Baltasar estaba demasiado influenciada por la línea de Gaspar, que era o anarco o de la Surda. Y eso que era evidente que las bases y la estrella de Belén nos indicaba que debíamos retomar nuestra línea de centro y dejar de hacer concesiones a Gaspar, que a estas alturas nos tenía como segundones…”.

-…Esto es como un déjà vu…

“¡Pero no me interrumpa, pues!

-Lo siento, es que esto me resulta levemente familiar. ¿Qué pasó entonces?

“Que Gaspar y los camellos, aparte de ser o anarcos o de la Surda, eran pésimos ideando planes de transportes. Calculaban mal las distancias, se comían las raciones de heno antes de tiempo y después pedían más y más oro, incienso y mirra para poder autofinanciarse. En un momento dado, me negué a pasarles más tesoros para que despilfarrarán y los malagradecidos de los reyes me pasaron al tribunal supremo de los sabios de oriente”.

-¿Y qué pasó entonces?

No lo sé… Quise darme un tiempo para reflexionar y me alejé”.

-¿No lo expulsaron?

“O sea, sí, y se venía venir por unas declaraciones que hizo Baltasar, quien dijo que yo me había transformado en un enemigo de los sabios. Aunque eso no cuenta, porque me alejé antes de que me notificaran. Pero se me quedaron los lentes”.

-Disculpe, pero no entiendo…

“Es que soy corto de vista, así que cuando quise volver, me confundí y en vez de seguir a la estrella de Belén, seguí otra cuestión”.

-¿Y los reyes no lo buscaron? Si después de todo eran compañeros…

“No digas compañeros, prefiero la palabra “camarada”. O ex camaradas, a estas alturas…”

-¿Pero lo buscaron o no?

“¿Tú que crees?”

“ASOCIACIÓN ILICITA”


-¿Y qué hizo en todos estos años?

“Seguí el Halley (ésa era la cuestión que me confundió), junto con Elvis y el teniente Bello, y después de tomar caminos distintos por incompatibilidad de caracteres, llegué a Chile el 86. Me radiqué en el valle de Elqui, más al interior que la madre Cecilia”.

-¿En serio? ¿Y qué ha hecho durante estos años?

“Instalé un camping y como tengo la sabiduría de oriente a mi favor, de vez en cuando leo el tarot, el café, el I Ching y la baraja española. Las líneas de las manos no, porque se reducen o aumentan según la persona engorda o adelgaza. En realidad, el fuerte mío es la cara de la persona, ahí puedo saber si están pensando bien… como Yolanda Sultana”.

-En estos años, ¿logró superar sus diferencias con sus comp…digo, camaradas?

“Ex camaradas… ¡Cómo se te ocurre! Es que esto no daba para más. Estos siglos han sido una verdadera travesía en el desierto, que no han hecho más que consolidar mi idea de reformar el modelo. Y tengo la convicción de que por culpa de la influencia de Gaspar, se le han hecho demasiadas concesiones al panzón de Santa Claus”.

-Veo que el espíritu navideño no alcanza para tanto, jo jo jo…

“(Con el ceño fruncido) Este es un tema serio y no me parece tu tonito sarcástico…”

-Bueno, pero no se enoje. ¿Qué tiene en contra del Viejo Pascuero?

“Que es un aparecido y es el máximo referente de la ideología de la corrupción”.

-¡Pero si eso lo dijo Schaulsohn!


“No. Lo que hizo Schaulsohn fue citar al Grinch”.

-Bueno, bueno. Mejor explíqueme su bronca con el Viejo Pascuero. Yo lo entiendo. Fíjese que la otra vez le pedí una bicicleta y me trajo un mantel y una peineta…

“Justamente ahí está el problema: Como está aliado con una importante bebida cola –adivina cual, refrescante y burbujeante- nos ha pasado por encima con el temita de los regalos, acrecentando la desigualdad. Y, claro, los Sabios de Oriente han sido incapaces de reformar el modelo, porque están coludidos con Claus y su corrupción. Por eso, todos celebran el 25 de diciembre y no la Epifanía del Señor, fecha que se festeja hoy. Aunque aparezcan diciendo lo contrario, para aparentar. ¡Son una verdadera asociación ilícita! Por eso, ni los sabios de Oriente ni (Santa) Claus merecen continuar en el poder”.

-¿Aunque prometan una pascua feliz para todos?

“Es que no tienen idea de economía y no saben en lo que se meten”.

A DESALOJAR

-¡Lo que usted dice es algo muy grave!


“Lo sé. Pero es que ellos no dan la cara para ofrecerle una disculpa pública a la gente, como corresponde”.

-¿Y qué propone usted a cambio?

“Insisto: Hay que corregir el modelo y para eso hay que desalojar al Viejo Pascuero y los otros tres reyes magos”.

-¡Déjà vu! ¿Y cómo conseguirá eso?

“Instaurando una tercera vía, a través de la creación del MASTER –Movimiento Artabán Siempre Tiene la Esencial Razón-, que será un referente que le revitalizará la Navidad de los Negros y al mundo. ¡Síganme los buenos!”.

-Mmmmm. Disculpe el escepticismo, pero tiene apoyo para crear el MASTER. Dígame quién lo apoya, pero le advierto que no cuente ni a su papá ni a su mamá.

“Te recuerdo, hija, que recién hoy estoy anunciando la irrupción de MASTER y aún no empezamos con la recolección de firmas. Además, mi papá y mi mamá son sabios de Oriente y siempre me consideraron el díscolo de la familia. Pero creo que podría contar con los apoyos de El Grinch, el Conejo de Pascua, la Pincoya, El Trauco, Jack Skeletor, un grupo de enanos ayudantes de Claus y Rudolph, el reno…”

-¡Rudolph! ¡Pero si es el principal operador político del Viejo Pascuero!

“Lo era. Ahora es artabancista – trineista y nos apoya, sin perder su estatus dentro del sistema, porque nos sirve que alguien haga oposición desde adentro”.

-Insisto, esto me suena familiar…

“Puede ser. Pero cualquier semejanza con la realidad, es sólo coincidencia. Jo, jo, jo… ¡Aaaaag! Se me pegó la risita”.

DESCARGOS DE
UN PERDIDO

-Algunos dicen que la verdadera razón de su expulsión es su participación en el Saharazo, un escándalo parecido al “puertoordazo”…


“Lo descarto totalmente y agradezco tu pegunta, porque me da la posibilidad de decir mi verdad. Los hechos ocurrieron así: Tirarse dátiles, untarse leche de coco en la cara, y con un cuchillo de mantequilla, pasarlo por las cabalgaduras de los camellos, a quienes jamás insultamos ni hicimos gestos obscenos”.

- Hablemos también de su puntaje en la PAA, que fue cuestionado por algunos de los de su tribu…

“Eso fue un lamentable error comunicacional. Simplemente, me sacaron de contexto”.

-¡Pero si todos escucharon cuando dijo seiscientos!

“¿Di-di-dije se-se-seiscientos?”

-Sí. No lo oí, pero lo dijeron en la tele, la radio y los diarios…

“Bueno, en realidad saqué entre 400 y 500, porque privilegié mi actividad pública por sobre los papiros con facsímiles… Pero eso demuestra que el resultado de esas pruebas no son necesariamente un indicador de qué tan lejos llegará uno en la vida. En mi caso, recorrí todo oriente y llegué al valle de Elqui. Además, el día que di la prueba me dolió la guatita y mi papá hizo lo mismo que el de la Christell”.

-Ya. Pero igual dijo 600…

“Ah, es que me confundí con la cantidad de solicitudes que me han llegado para integrar el MASTER”.

-Ya. Imagino que también piensa que creo en el Viejo Pascuero…


“No y por eso te invito a que le des tu apoyo al MASTER. Jo, jo, jo”.



*Publicado en El Día el domingo 6 de enero de 2008.

lunes, 2 de junio de 2008

Maldito amor


Pese a que películas, canciones y las tarjetas Village insisten en lo contrario, no siempre hay éxito en la ruta de esquivo afecto. Mala suerte, príncipes y/o princesas que se transformaron en ranas o sólo razones que el corazón no entiende, son los motivos tras esas historias en las que el fin no se resuelve con votos de cariño eterno. Corín Tellado, deja de mentir.

Por Lorena Muñoz Zapata
Fotografías: Andrea Cantillanes.

Victoria lo ha pasado mal. Era apenas una adolescente cuando decidió que sería exitosa y se cerró a la posibilidad de encontrar pareja, bajo la premisa de que ambas opciones eran incompatibles. Hoy, 37 años después y tres relaciones fallidas, piensa que tal vez amar no estaba en su destino.

Inés se enamoró por primera vez a los 40 y durante seis meses fue inmensamente feliz con un hombre ajeno. Al final, los remordimientos y el miedo a sufrir pudieron más. Nunca volvió a contestarle el teléfono y hoy añora la dicha furtiva.

Román dice que es un solitario rotundo, que no ha encontrado a alguien especial y que quizás se ponga algunos escudos. Sea como sea, su opción es clara: Las ilusiones dañan y es mejor evitarlas.

Todo lo que necesitas es amor, proclamaron The Beatles en plenos `60. Pero no todos pueden dar con esta esquiva meta. Y al contrario de la política –que es sin llorar-, en esta búsqueda, el corazón puede quedar anegado de tanta pena.

Lejos de finales con música empalagosa, los amores pueden ser desoladoramente incompletos. Y comunes: De hecho, usted y yo conocemos a terceros a los que esto del cariño no se les da. Porque tienen mala suerte. O porque el príncipe –o la princesa- se transformó en rana. O porque hay razones que rompen con la lógica.

Las que siguen son experiencias de primera fuente, de ésas que duelen como espina de tuna entre los dedos. Las similitudes con la vida real no son coincidencia y sólo los nombres y algunos lugares han sido cambiados. Porque las penas por el maldito amor son más cómodas de contarse bajo anonimato.

MIEDO AL
KARMA

Inés (50) no quiere que Antonella (17) repita su historia. Sin embargo, la chica parece haber heredado su mismo carácter. “Cuando salimos a la calle, vieras la cantidad de hombres que me dicen ‘suegra’. Pero ella nunca hace caso, no mira a nadie”.

La madre tiene motivos para querer algo distinto: “Mi suerte en el amor ha sido más bien malita”. Recién hace una década y por 6 meses, supo qué es estar enamorada. Y fue ella misma quien decidió poner fin a su felicidad.

Vallenar, 1983. A los 25 años, las cosas no eran fáciles. Tenía conflictos con su madre y “lo único que yo quería era dejar la casa de mis padres”. Nadie le había visto pololo alguno. Lo único que se le conocía era un insistente admirador, un chico seis años menor al que nunca consideró porque “era muy niño”.

Pese a eso, las cosas con Gonzalo se dieron rápido. Se conocieron en casa de una amiga y al mes, estaba embarazada. Él se portó “como un caballero” y asumió, pero ella siempre supo que eso no era amor. “Me gustaba mucho, pero no lo amaba y nunca le dije te quiero”.

Entonces, eso era un detalle y armó una familia con él y sus hijos Alberto y Antonella. Y aunque no estaba enamorada, “yo ponía las manos al fuego por él”. Hasta que se enteró de la doble vida de Gonzalo.

Inés lo encaró y hasta ahí no más llegó la caballerosidad: Hubo golpes en dos ocasiones. Como no estaba dispuesta a soportarlo, se separó y se trasladó a La Serena, en los `90. “Nunca quise emparejarme, para no dañar a los niños”.

NO VA MAS

Eso, hasta que a los 40, “cuando pensaba que eso no me pasaría nunca”, se enamoró de otro Gonzalo: El antiguo admirador de Vallenar. El reencuentro se produjo allí. El le contó que siempre se las arregló para saber de ella y la invitó a salir. Inés aceptó e inició los seis meses más felices de su vida.

“El trabajaba en buses interurbanos, así que nos veíamos frecuentemente. A veces, estaba por quince minutos en el terminal, pero no importaba, porque era como si lo hubiera visto por horas. Y cuando me llamaba, yo realmente sentía mariposas en el estómago y andaba alegre por la vida”.

Pero en Iquique, Gonzalo tenía una esposa y una hija. A Inés le pesó la conciencia y decidió que no volvería a verlo. “No podía hacerle lo mismo que me hicieron a mí a otra mujer”.

Ella es de ideas fijas. Y pese a que él le rogó por meses, no cambió de parecer. Y tampoco le contó la verdad tras su decisión. “Ahora, años después, pienso que tal vez las cosas pudieron ser distintas, porque yo creo que nos queríamos”.

De Gonzalo nunca supo y volvió a estar sola, pese a que han surgido algunas oportunidades. Pero “o no me gustan o algo me hace pensar que tienen cara de malo. En el fondo, tal vez es miedo a sufrir. Y quizás, le estoy traspasando eso a Antonella y no quiero que mi niña pase por todo esto”.

ESTAR SOLO

Román (23) es categórico y afirma que “soy un tipo súper solo. He estado así mucho tiempo. He tenido mis parejas, pero nunca he sentido una compañía”.

Dice que no tiene claro los motivos, pero que cree que “aquí hay dos cosas. Tal vez no he encontrado una chica que sea especial, aunque no creo que uno esté predestinado para eso. Y, lo otro, es que supongo que yo también me pongo algunos escudos”.

“Tal vez al ser un tipo solo o tener ese discurso, alejo a la gente”. Su principal problema es el compromiso, no le gusta. “No sé si me da susto, pero reniego de esa parte”, explica.

Asegura que estas dinámicas quedan en evidencia en la mayoría de sus relaciones afectivas. Hace algunos años, en Santiago, tuvo una tortuosa relación con Sofía, una joven de su edad. “Yo le exigía mucho que entendiera mi situación de vida”.

Por esa época, las aguas estaban bastante agitadas en casa de Román. Los vínculos con su madre y sus hermanas estaban dañados y “no había convivencia. Había puro silencio ahí”.

PERRA
ILUSIÓN

El silencio se había instalado años antes, cuando tenía diez. La relación de sus padres hizo agua y los niños quedaron al medio, sin que hubiera mucha comunicación entre ellos. Sin embargo, y más allá de esto, aclara que “de chico fui bastante solo, llevado de mis ideas (…) nunca me gustó seguir a nadie y eso como que me separó de la gente”.

Sofía, dice Román, tampoco ayudaba. “En lugar de apoyarme, me reprochaba eso o trataba de escudarse en mí, no tomaba decisiones. Tenía que tomarlas yo”.

Así las cosas, Sofía y Román rompieron. El regresó a La Serena, donde antes había vivido con su padre. Pero algo pasó y volvió con ella. Conseguía un trabajo y al mes, cobraba lo suyo y se iba a verla. La relación siguió siendo compleja y el quiebre fue inevitable.

“Con ella, perdí un año sin hacer nada”, sostiene. Desde entonces, no se ha embarcado en relaciones con otras chicas. “Salimos un par de veces, pero no pasa más allá”.

Hoy, con algunas cuentas claras con su familia, Román asegura que prefiere no tener esperanzas.“No me creo expectativas, porque son algo ficticio. Y cuando se espera algo de alguien, uno cae y lo pasa bastante feo. Aunque a veces cedo y genero ilusiones. Pero tal vez no busco en el lugar adecuado”.

DEMASIADA
INDEPENDENCIA

Apenas alcanzó la mayoría de edad, Victoria (55) decidió “ser exitosa y le cerré las puertas al amor”. Originaria del norte grande, entró a trabajar a una caja de compensación y en cerca de una década se transformó en unas de las ejecutivas estrella. Se compró un auto y “jamás necesité de un hombre que me solucionara los problemas”.

A los 30 conoció a Francisco, administrativo de una industria. “Era separado, tenía un hijo grande y me enamoré, porque era un romántico, y nos fuimos a vivir juntos”.
Todo era una maravilla, hasta que ella quedó embarazada de su primera hija. “Ese hombre se transformó en un infierno”. Mientras que fuera de casa era el perfecto caballero, al interior “resultó ser un sicótico”.

Tras el nacimiento de su segunda niña, lo dejó. Con la premisa de “nunca más”, siguió trabajando, esta vez como relacionadora pública de una institución de beneficencia, lo que le granjeó cierta popularidad.

Pese a su dedicacion exclusiva a sus hijas, “me enamoré de nuevo, de un hombre bueno y buen mozo”. Aunque duró un año, la relación “quedó en nada”. “Yo era muy conocida, tenía casa propia y era exitosa. El, en cambio, era sencillo y resentía que me fuera bien. Se sentía mal, opacado. Además, mi familia nunca lo aceptó y ahora me doy cuenta que para que hubiera funcionado, tendría que haber habido un amor muy grande”.

Victoria dice “ahí la sufrí, porque me daba cuenta que estaba tremendamente sola y frágil”. Sin embargo, hace cerca de cinco años, se enamoró por tercera vez, de Manuel, a quien conoció a través de un amigo.

“Por primera vez, proyecté mi vida. Si tenía que dejar mi trabajo, no importaba, porque quería formar una familia”, dice.

Manuel se portaba como el mejor de los príncipes: La colmaba de atenciones, se enorgullecía de ella y la llevó al sur, para presentarla con la familia, que aprobó que la pareja se casara tras la jubilación de él.

MALA
EXCUSA

Sin embargo, hubo un vuelco abrupto. “Dejó de verme sin motivos”, asegura. La única explicación vino del amigo que los presentó. “Mandó a decir que lo esperara, que tenía que solucionar sus cosas e incluso, dijo que alguien le había hecho magia negra, para que no rehiciera su vida”.

Lejos de tranquilizarla, esto le provocó más daño. Pese a esto, “un día bajé la guardia y lo busqué. Quise hablar con él, pero no dejó que lo hiciera”. Y como dicen que las cosas malas nunca vienen de a una, por esa misma fecha la despidieron.

Para exorcizar la pena, la mujer y sus niñas dejaron el norte. Hoy, en La Serena, cree que “tal vez Dios tiene un destino para cada persona y quizás en el mío no está escrito que sea feliz en esta parte. Eso no quita que sienta mucha soledad, porque por algo en esta tierra venimos de a dos”. Sin embargo, como su empuje puede más, asegura que cuando llegó a esta zona “lo hice con la confianza que encontraré la estabilidad en lo laboral y el amor”.


Publicado en El Día, el 02 de marzo de 2008

lunes, 7 de abril de 2008

Mujer puertas adentro


Roxana dice que la naturaleza a condenó a vivir bajo una identidad masculina. Más allá de la semejanza argumental con Lola, la teleserie, ésta crónica no tiene nada de comedia y sí mucho de dolor y frustraciones. Ésta es la historia de una prisionera cuya cárcel es un cuerpo de hombre; una condena para la que –según la convicta- no hay escapatoria posible, salvo ponerse ropa femenina a escondidas.

Por Lorena Muñoz Zapata
Fotografía: Andrea Cantillanes


La intensidad está concentrada en los ojos. Maquillados color pistacho, para resaltar las pupilas verdosas y contrastarlas con la piel morena. Todo lo demás -las manos quietas, el rictus triste de los labios, la cara que se esconde tras el pelo- refleja una opción por el bajo perfil.

En especial la voz, que busca ser dulce y que se oye baja, crispada, y tímida en el intento. Las frases son pronunciadas con recato y las palabras, dichas a media voz, evitando revelar a toda costa el secreto que oculta desde que tiene uso de conciencia y que una mala jugada de la biología insiste en contradecir.

Y es que para los efectos legales, laborales, familiares y formales, la cédula de identidad de Roxana consigna otro nombre que guarda celosamente y mantiene en anonimato. Es un nombre de hombre, de un chileno de 35 años, nacido en la zona y que desempeña tareas administrativas en alguna oficina de este territorio.

Sólo en casa, con las puertas cerradas y las cortinas corridas, siente la libertad para sentirse tal y como se ha sentido desde la época de sus recuerdos más antiguos: Una mujer.

“De siempre me he sentido así. Yo creo que empecé a tomar conciencia de chica, de antes de los diez años”, afirma ella, quien estuvo en contacto con El Día durante todo el verano, resolviendo si daba a conocer su testimonio. El argumento tras su sí es que este artículo sería “una especie de ventanita para poder respirar y aliviar un poco la carga de este secreto”.

Durante estas semanas, hemos estado pendientes del final de Lola, la teleserie de Canal 13 sobre un hombre atrapado en un cuerpo de mujer. Como la TV es la TV, el nudo argumental ciertamente se resolverá con todos felices y emparejados, para dicha de los espectadores. Entre éstos se incluye a Roxana, quien sonríe cuando recuerda la telenovela y dice “que no daría porque un día me pasara eso, despertar en el cuerpo de una mujer. Sería fascinante, perfecto”.

Sin embargo, y pese a la semejanza argumental, esta crónica es diametralmente opuesta.

No tiene nada de comedia y sí mucho de lágrimas secretas, frustraciones de antigua data y verdades no dichas. En voz baja, con dolor y en solitario: En palabras de su propia protagonista, así se vive el real calvario de ser una mujer atrapada en un cuerpo de hombre.

Y por lo que dice la convicta, se trata de una condena perpetua, sin penas alternativas, salidas dominicales, fianzas ni indultos.

“LINDA LA
NIÑITA”

Se crió entre puras mujeres. Estaba la mamá y la hermana; la tía y las primas. Como el papá se fue cuando estaba chica, le tocó ser muy pronto el hombrecito del hogar, aunque había un detalle: Se sentía como ellas. Una más en esa casa de féminas.

“Siempre jugaba a los típicos juegos: Las tacitas, las muñecas. Fui muy apegado a ellas, salíamos a todos lados y en verano llegaban al barrio niñas de varios lugares y la pasábamos bien. Y en la casa, nos duchábamos juntas y para mí no había ninguna diferencia, ni para ellas tampoco”, cuenta.

Los problemas empezaron al inicio de la pubertad. Como las niñas se desarrollan antes, a las primas y a la hermana ya no les gustó que el hermano chico se bañara con ellas y siguiera compartiendo otros espacios. Roxana resintió la exclusión.

“Yo no entendía nada y me empecé a sentir mal. Me di cuenta que había algo que no andaba bien y opté por estar aparte, percatándome que me gustaban las cosas de mujeres”.

Por esos años, se agregó otro problema. No conforme con haberle dado un cuerpo de hombre, la naturaleza seguía jugando con Roxana y el chico desarrolló un desorden hormonal, que le provocó la irrupción de dos pequeños pechos.

“Me daba vergüenza correr, porque los pechos se me marcaban. Además, en la calle y como no me cortaba el pelo, le decían a mi mamá ‘qué linda su niñita’. Ella lo tomaba para la risa y decía ‘cómo no se van a dar cuenta’. Y en el colegio, típico que los compañeros molestan”.

ROPA DE
CONSUELO

Así las cosas, Roxana se fue transformando en una mujer retraída, solitaria. Dice que nunca luchó por sentirse como hombre, pero que tampoco peleó para evidenciar que es una mujer. Y cree que nunca lo hará.

“Prefiero quedarme callada, porque no quiero que ni mi mamá ni mi familia se avergüencen de lo que siento”, dice y explica que no cree que sus parientes sospechen la verdad, aunque se depile las cejas y se encrespe las pestañas para ir a trabajar.

Sin embargo, su miedo a la vergüenza no era impedimento para no aprovechar la ausencia de las parientes en la casa. Cuando se quedaba sola, corría a probarse la ropa de las hermanas y las primas, a escondidas. “Y ahí era feliz”.

Para prolongar la dicha, Roxana decidió independizarse. Hace cerca de dos años vive en el puerto y hoy, literalmente, es una persona de la puerta de su hogar para afuera y otra, muy distinta, adentro, con las cortinas y los accesos bien cerrados.

“Cuando llego a la casa del trabajo, me quedo un rato en short, para refrescarme y para tomar distancia con la ropa de hombre, sacarme ese peso de encima. Luego de un rato, me ducho, me visto como mujer y me pongo a hacer las cosas que tengo que hacer como dueña de casa”, cuenta.

Ella dice que su fascinación es la ropa interior. Calzones, sostenes, medias, portaligas. Y sufre mucho cuando vitrinea.

“Si estoy con alguien de la familia o algún conocido, no puedo a quedarme a mirar la ropa. Tengo que seguir como si nada. Si estoy sola, miro disimuladamente y a veces, dependiendo del lugar, pido que me muestren la prenda que me gusta, con el pretexto de que es un regalo. Y, por supuesto, no puedo probármela”, dice.

Y agrega: “A veces, me da rabia o ganas de llorar, porque no entiendo por qué las cosas no pueden ser como quiero. Pero ¿qué puedo hacer? Y la única solución que encuentro es vestirme como mujer en la casa”.

MADRE,
NO PADRE

Además de estas situaciones más cotidianas, el secreto le pesa a Roxana en otros ámbitos más trascendentes. Tiene una hija de 15 años, fruto de “algo así como un pololeo de verano y ni yo me explico qué pasó con su mamá, que era amiga de una de mis primas”.

Pese a que el embarazo no estaba en sus planes, “cuando supe, pensé que si había pasado, había que asumir. Siempre digo que si pasó, no hay nada que hacer: Pasó y punto, así que había que hacerse responsable”.

Sin embargo, pese a que hay contacto, los nexos con su hija son tortuosos. “La relación no es buena, siempre peleamos y a veces creo que la rechazo, que no hay cariño. Pero cuando estoy lejos de ella la extraño (…) Yo siempre fui estricto, he querido que las cosas se hagan de una forma determinada y a ella eso no le gusta”, dice.

Respecto a las razones de su severidad, Roxana cree que tal vez se debe a que es una forma de ocultar su verdadera naturaleza. Dice que siempre ha querido ser madre, pero que ese deseo no lo ha podido canalizar en su relación con la adolescente. “Se me hace difícil tratar con ella. Con su mamá, a veces peleamos y cuestiona como soy con la niña, me saca en cara que soy como descariñado”.

Ella cuenta, con la cara triste y los ojos conteniendo las lágrimas, que “he llegado a pensar en tantas cosas”, pero que tiene una certeza: Que no puede enfrentar a su hija y decirle su verdad.

“A estas alturas, no quiero decepcionar, ni a ella ni a nadie. Se me hace difícil hacer preguntas como que no quiere la cosa, para tantear terreno y ver como reaccionarían si les dijera. A mí me gustaría gritarlo a los cuatro vientos, pero hoy no podría decir si lo voy a ser capaz de hacerlo alguna vez”.


LA HERMANDAD

Roxana dice que a las únicas personas que saben su verdad son “personas como yo, pero que son mujeres adentro y afuera de su casa. Ellos me mantienen el secreto y sé que no le van a contar a nadie”.

Dice que ellas le dan algunos consejos, como que no se arrepienta de lo que haga o que “me divulgue, pero es que eso lo dicen porque no tienen nada que perder”.

Y aunque ahora esta sola, dice que ha tenido parejas y que no ha habido problemas, pese a su insistencia por ocultarse como mujer. “No ha habido conflicto, porque han sabido entenderme”, concluye.

*Reportaje publicado en El Día, edición 16 de marzo de 2008.