lunes, 14 de abril de 2008

Negocios son negocios


Pone su mano pesada en mi espalda y trata de acercarme más a su cuerpo, mientras giramos en la pista. Y es que muy heredero al trono será, pero no puede evitar la cara –entre repulsión y tedio- que le ponen las princesas y cortesanas que evitan sus besos. Danzamos y a un costado, sigilosamente, los reyes y mi madrastra cierran el trato.
A medianoche, paso lento mi lengua por sus labios. Un beso más osado tiene otra tarifa. Salgo corriendo del salón y apenas se reponga de la sorpresa y corra tras de mí, encontrará en las escaleras un zapato de cristal, con mi celular impreso.

En el taxi, rumbo a otra fiesta, me pongo unas sandalias y retoco el labial. Otro príncipe fofo e idiota celebra su onomástico y mi trabajo es ser su regalo inesperado.

2 comentarios:

klaupac dijo...

La nueva cenicienta, bueno en esta era dela modernidad, si duda seria como lo describes.
Chao nos estamos leyendo

Cristian dijo...

Yo siempre he pensado que la Cenicienta ha debido ser liviana de cascos. Como diría don Nica.

Saludos.