sábado, 11 de junio de 2011

Carta Abierta: Arturo "Patache" Martínez


Compañero:

Me imagino que la está pasando mal por estos días. Pucha que me lo han maltratado estos resentidos inapetentes, que no entienden que defender los derechos de los trabajadores no lo convierten a usted en un mártir héroe el Dalai Lama de la clase obrera. Que su aporte a la causa (propia) no se desmerece por darse un gustito de vez en cuándo. Total, marchar en las calles de Valparaíso, con un lienzo en la mano, debe ser realmente agotador y sacrificado.

Allá Clotario Blest si quería vivir así.

Sabemos que usted tiene el deber de adaptarse y renovarse según el avance de los tiempos.

Total, debería ser un derecho humano mandarse todos los feriados un patachito mínimo, con una langostita de Juan Fernández y wiskhy añejito para pasar las penurias que provoca el movimiento obrero.

Yo solidarizo con usted, compañero. Me siento tranquila porque alguien como usted defienda mis derechos, mientras yo me saco la cresta trabajando. Yo sé que usted estará allí, peleando por un posnatal como la gente, por un sueldo mínimo decente y porque no retrocedamos en nuestros beneficios ya ganados.

Yo sé que su corazón socialista sufre al ver tanta injusticia.

Sabe que yo, en períodos de penita o de profundo estrés, también me he refugiado en la comida. Y me imagino que sus penurias deben ser muy profundas para gastarse 500 lucas en un almuerzo, aunque haya ido con otros amigos.

Me imagino sus sentimientos de culpa. A mí también me pasa cuando estoy a dieta y la rompo por comer como chancha (no lo tome en la personal, compañero). Por eso, supongo que debe haber estado muy afectado por este episodio y que por eso no ha hecho nadita sobre la decisión de la Dirección del Trabajo de reducir las indemnizaciones, descontado las lucas de colaciones, movilización, viáticos y un largo etcétera.

Pese a que haya salido a aclarar el sesgado reportaje que publicaron esos bandidos capitalistas de El Mostrador.

Ay, Arturo, no me gustaría estar en sus zapatos hoy. Aunque claro, le propongo que se contacte ahora ya con algún guionista y así su historia llegue a la pantalla grande. O sea, imagine los premios que ganaría la película en Cannes o La Habana o esos festivales donde premian las historias sobre gente heroica y comprometida.

Desde ya, le hago algunas sugerencias: si Hoffa fue personificado por Sylvester Stallone, ¿por qué no podría usted ser personificado por Marquitos Zaror, nuestro propio hombre musculoso?

Otra opción es que elija a otro que la ha pasado mal por estos días, Gonzalo Valenzuela. Sí, él es flaquito, pero dígame, ¿qué otro versátil actor nacional es capaz de mantener una notable e inmutable cara de raja? Por eso, él es ideal para el papel.

En ambos casos, igual habría que producirles ponchera, pero sabemos que un patachero como usted será capaz de darles eficientes consejos.

Total, los héroes tienen derecho a fatigarse, compañero. Yo, en tanto, le dedico esta canción.

PS: Y cuénteme, ¿estaba rica la langostita?

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